Blogia

Weblog del prof. Antonio Núñez Aldazoro (UCV)

De víctimas a bandidos: los medios de comunicación y Nueva Orleáns

De víctimas a bandidos: los medios de comunicación y Nueva Orleáns

Tomado de www.rebelion.org

Escrito por James Petras y Robin Eastman Abaya

Introducción

Durante breves horas, pero de forma espectacular, los fracasos políticos que convirtieron a Nueva Orleáns y a otras muchas ciudades y pueblos del Golfo de México en una catástrofe humana hicieron añicos los lazos de amistad que existían entre los medios de comunicación y el gobierno del país. Periodistas críticos describieron el fiasco del sistema de seguridad nacional para evacuar a ciudadanos pobres y la ausencia de alimentos básicos y agua para las víctimas. Los medios compararon al presidente Bush (de fiesta con sus amigos republicanos en California), al vicepresidente Chaney (jugando al golf), a la secretaria de estado Rice (de compras en Manhattan) y al jefe de la seguridad nacional Chertoff (asegurando que la ayuda gubernamental funcionaba a la perfección) con los gritos de desesperación y la penuria de decenas de miles de necesitados y hambrientos afroestadounidenses y blancos pobres, que apenas sobrevivían en un oscuro y nauseabundo centro de convenciones y en un estadio deportivo.

Pero cuatro días después del desastre, los apasionados testimonios críticos se vieron sustituidos por las voces moderadas de la compasión oficial. Empezaron a abundar las ocasiones para fotografiar a Bush; la Guardia Nacional llegaba al lugar y el gobierno respondía. Las «noticias» se ocuparon entonces de heroicos trabajadores con fotogénicos agentes blancos y enfermeras que tenían en sus brazos a niños negros mientras aportaban alivio a los «refugiados» y acababan con la creciente anarquía, la violencia y el «saqueo» entre los supervivientes. Las entrevistas con altos funcionarios militares se centraron en la amenaza que individuos violentos entre los «refugiados» hacían pesar sobre los soldados. Las imágenes de vehículos que transportaban tropas, de fuerzas especiales armadas hasta los dientes contra un telón de fondo de muchedumbres encolerizadas, resonaron junto con la propaganda de la guerra de Irak. Lo que había empezado siendo un ejercicio de ayuda humanitaria se convirtió en una operación de contrainsurgencia. Al final del sexto día, los medios convirtieron los fracasos políticos del gobierno federal para proteger a los ciudadanos en una exitosa ocupación militar.

La militarización de Nueva Orleáns

Nada muestra mejor la «línea revisionista» de los medios que el lugar prominente que otorgaron a la orden gubernamental de «disparar a matar contra los saqueadores». No hubo ni una queja, ni una voz crítica: los medios convirtieron la ciudad desolada en una zona de guerra: Nueva Orleáns pasó a ser Faluya. Los medios se ocuparon de desenterrar cada rumor, cada habladuría, cada informe infundado de tercera mano sobre violaciones infantiles y asesinatos para proporcionar un contexto a la «nueva realidad»: la militarización de una ciudad devastada. Los medios están bien preparados para dicho guión: periodistas incrustados entre las tropas destacaron a soldados repartiendo raciones militares concentradas (completamente inútiles para niños pequeños y ancianos deshidratados), mientras que omitían las palizas que les propinaban a los negros sorprendidos con comestibles (los negros roban comida, los blancos la encuentran). Más de cien mil personas sin hogar, trabajo, dinero, agua, alimentos y condiciones sanitarias eran, ante todo, víctimas de la ocupación militar… para proteger de los «saqueadores» a los bancos, las pequeñas boutiques de moda y las joyerías. Dieciséis mil soldados y fuerzas especiales, con la ayuda de vehículos armados y helicópteros, tomaron la ciudad.

No se anunciaron proyectos de reconstrucción civil, empleos para los desempleados y planes para realojar a las decenas de miles de familias que se han quedado sin hogar. En cambio, los medios hicieron uso repetido de la paranoia blanca: violadores negros aterrorizando vecindarios o refugios, en todas partes había un rumor… Sorprende que no incluyesen el canibalismo en la lista de «ultrajes» cometidos por los «africanizados» indigentes. Apenas se mencionó a los «saqueadores» que desafiaban las aguas arremolinadas y a los francotiradores militares para llevar agua embotellada a los ancianos, cereales a niños y latas de sardinas a los hambrientos. El noventa y nueve por cien de los negros eran pobres de solemnidad, pero los medios se centraron en el 1% de criminales. Kathleen Blanco, la gobernadora de Louisiana, ordenó una «tolerancia cero» para estimular al Presidente y dar prioridad a los rifles automáticos de las fuerzas especiales. El alcalde negro de Nueva Orleáns, atrapado entre la mayoría de los negros confinados en la inmundicia, entre los muertos en descomposición y las aguas residuales de los que aún vivían y la militarización de la ciudad, apeló al mundo exterior.

Los medios han perdonado la violación cotidiana de una ciudad, de toda una población vulnerable, pues mientras que mostraban a un testigo de la rumoreada violación de una adolescente de 14 años varios días antes, no se ocuparon de los informes de muertes masivas, aguas fecales contaminadas y bebés desfallecientes, deshidratados. La máquina de la propaganda estatal se centró en el Presidente firmando un decreto de ayuda y prometiendo ley y orden.

La criminalización de las víctimas

Si se considera el total abandono en que el gobierno dejó a las decenas de miles de pobres, de negros sin comida y sin hogar, era obvio que muchas personas se lanzarían a la búsqueda de alimentos y de agua. Al identificar de forma deliberada a los supervivientes como «saqueadores» y «violadores», la Administración sentó las bases de la posterior militarización y, de facto, de la ley marcial, fértil terreno para los asesinatos. Los primeros informes censurados de periodistas no incrustados daban testimonio de soldados de la Guardia Nacional apaleando a los supervivientes que buscaban ayuda. Los informes militares se hicieron eco la muerte de varios «francotiradores».

Sin duda la primera preocupación del gobierno ha consistido en saturar la ciudad de militares para impedir que los supervivientes se organicen buscando justicia y para canalizar todas las comunicaciones sobre el estado de la ciudad a través de fuentes aprobadas de forma oficial. Todavía más significativo es el hecho de que los militares hayan definido la naturaleza de la situación como un problema de criminalidad, cuya solución es represiva por medio del máximo control y la mínima ayuda.

Los poderes mágicos de los medios de comunicación

Al séptimo día después de la catástrofe humana, los medios se vieron inundados con las caras, las voces y la retórica compasiva de todos los voceros principales y secundarios de la Administración de Bush. Cada cadena importante de televisión, cada programa destacado presentó a Bush, Rumsfeld, Rice, Chertoff y a varios generales hablando con admiración de los esfuerzos hercúleos, de los valientes y generosos soldados de la Guardia Nacional, que ayudaban a la población.

Los comentaristas y entrevistadores de los medios cooperaron sin reservas en la despenalización del Estado. Los funcionarios culpables de crímenes contra la humanidad de ciudadanos pobres e indigentes se transformaron en salvadores humanitarios. No hubo ni una palabra de autocrítica por parte de los funcionarios y ninguno de los medios habló de ello. Las pocas voces críticas disidentes de los primeros días recibieron su castigo y desaparecieron de las pantallas de la televisión. Los medios de Estados Unidos fueron el único lugar de todo el mundo en donde se exoneró a los culpables.

La propaganda estatal de los medios tuvo su impacto: los sondeos de opinión indicaron que el 70% de los ciudadanos eran más hostiles a la política presidencial de precios elevados del petróleo y del gas que a la enorme negligencia que causó la muerte de miles de sus compatriotas, sobre todo negros (el 66% del total).

Al publicitar la tardía e inadecuada ayuda presidencial y amplificar el grado de criminalidad entre los pobres, los medios han polarizado racialmente la catástrofe entre blancos generosos, compasivos y humanitarios e ingratos y hostiles «refugiados» negros, un término que despoja a las víctimas de su ciudadanía y sus derechos.

La orden de «disparar a matar» se aplicó a quienes robaban botellas de agua y a los verdaderos o imaginarios francotiradores. La negativa caracterización de las víctimas por parte de los medios ha aumentado la desconfianza pública hacia los testimonios de niños deshidratados y frágiles abuelitas. Criminalizar, demonizar y militarizar es lo que mejor sabe hacer Washington. Repetir la propaganda oficial y censurar entrevistas disidentes es lo que mejor saben hacer los medios de Estados Unidos. Ni uno solo de ellos, ni una de las principales cadenas de televisión se hicieron eco de los informes sumamente críticos de los medios más prestigiosos de ultramar. Los informes de Le Monde, The Guardian, El País, Der Spiegel o La Jornada nunca se mencionaron.

La propaganda de fotos y titulares a gran tamaño es muy eficaz en nuestra estupidocracia y es lo que nuestros medios hacen mejor. Las fotografías de Bush abrazando a un «superviviente» limpio y fotogénico excluyeron a los cuerpos flotando sobre los detritos. Por todas partes había fotos de Bush al firmar el decreto de ayuda… siete días después de los hechos, pero no las que lo mostraban en una recaudación republicana de fondos el primer día del huracán. No hubo fotos del vicepresidente Chaney jugando al golf al tercer día, mientras que los cadáveres flotaban corriente abajo por la Main Street de Biloxi (misisipi). No hubo fotos de la directora de la Cruz Roja depositando su salario de más de 640,000 dólares, mientras que 40.000 personas carecían de agua limpia en «zonas de refugiados». No hubo fotos de la Secretaria de Estado Rice en una comedia de Broadway al cuarto día, mientras que los cuerpos de viejas damas negras se descomponían cerca de sus ultrajados e infelices familiares y vecinos.
Conclusión

Los medios de comunicación dieron un abrupto giro, adaptando y dando forma a las imágenes de la catástrofe vehiculadas por la Administración. En siete días, la magia de los medios transformó al equipo de Bush, que de líderes incompetentes e ignorantes pasaron a ser funcionarios decisivos y humanitarios. Al mismo tiempo, los desesperados, los agonizantes y los furibundos fueron convertidos en una muchedumbre rebelde, criminal, ingrata y caótica. El mensaje político estaba claro: la represión y la militarización eran las condiciones prioritarias para la supervivencia y la ayuda humanitaria. La ciudad tuvo que estar bajo una ley marcial de facto antes de que la pudiesen salvar. Vietnam y Faluya vienen a la mente. Al fin y al cabo, la contrarresistencia es lo que mejor hacemos en este país.

Según el Presidente, los miembros de su gabinete y los medios de comunicación, «Estados Unidos sabe estar a la altura de las circunstancias»: no olvidaremos a los más de diez mil muertos y heridos, incluso pondremos la bandera a media asta durante unos días, siempre que el Comité de los congresistas negros lo solicite. Como diría Bush, «adelante, tenemos una guerra que ganar en Irak».

En la otra America, las víctimas, sus amigos, sus hermanos y hermanas no se dejarán engañar. Seguramente los europeos, africanos, asiáticos y latinos tienen imágenes grabadas en su memoria colectiva: de pobres furiosos y desesperados de Nueva Orleáns que dirigen sus ojos con ira hacia un gobierno indiferente.

¿Recordará la America blanca quiénes son los criminales y quiénes las víctimas?

La telebasura y el periodismo de investigación o cuando las fronteras se borran

La telebasura y el periodismo de investigación o cuando las fronteras se borran

Algo que preocupa a nuestros colegas ecuatorianos y que debería preocuparnos por estos lares

Tomado de El Universo, Ecuador (www.eluniverso.com)

Escrito por César Ricaurte

Mala fortuna del término “periodismo de investigación”. Sus interpretaciones no pueden ser más opuestas.

Unos lo ven como “el llegar hasta las raíces de los hechos, comprobándolos mediante documentación y fuentes vivas”. Para otros no es más que presentar en pantalla las denuncias sobre violaciones a reinas de belleza, la utilización de cámaras ocultas y escandalizar con casos como el recordado “chupacabras”.

La primera es periodismo, la segunda un subgénero de telebasura. Pero una y otra se dan el mismo nombre.

De ahí que expertos como la profesora de periodismo española Concha Mateos, diga algo que es obvio, pero que en las actuales circunstancias es revelador: “Todo lo que hace un periodista no es Periodismo. La información que no trata sobre lo que contribuye o concierne al conocimiento y al desarrollo humano es telebasura”.

Desgraciadamente, nuestra televisión está llena de telebasura que pasa como “periodismo de investigación”.

Gustavo Gorriti, reconocido periodista peruano, actualmente director asociado del diario La Prensa de Panamá, señala algo muy importante: "El periodismo de investigación es simplemente periodismo que ha tenido (a veces) más tiempo para aplicar técnicas específicas de averiguación respecto a temas o realidades que se resisten a ser revelados. Sus principios son los de toda disciplina de investigación, desde la epidemiología a la paleontología".

Esto nos introduce a un tema de fondo: “Todo periodismo supone investigación. Periodista que no investiga no es periodista. El periodista le debe a su público el relato de la verdad de los hechos. Tal cual fueron y no tal cual dicen que fueron. Todo periodista debe ir más allá de la versión para aproximarse cuanto sea posible a la realidad”. A veces en los noticieros de TV se hace periodismo y se investiga. Existen muchas muestras de eso en ‘Día a día’ y unas pocas en ‘La TV’ de la familia Ehlers. Lo demás es “denunciología”, ligereza, mala leche, versionismo o la desinformación pura y dura. Esto es, en realidad, el gran drama de la televisión.

Pero no solo de nuestra TV. La tendencia, desgraciadamente, es mundial. En España hace poco se editó un texto muy interesante llamado Telebasura y periodismo: se deslizan las fronteras, donde se analiza el fenómeno de los programas que se autodenominan de “investigación periodística”. El intelectual Fernando Bellón comenta del llamado “periodismo de investigación” que últimamente ha entrado en los medios audiovisuales: “dudo que sea periodismo, pero no es de investigación ni por asomo. O se basa en acuerdos que bordean lo fraudulento con los protagonistas, o son montajes de una parte interesada poco o nada visible”.

El mismo Giovanni Sartori, en su ya clásico Hommo Videns cuenta algo por demás interesante: “Disponemos de experimentos que confirman que en televisión las mentiras se venden mejor. En Inglaterra un comentarista famoso dio en el Daily Telegraph, en la radio y en la televisión, dos versiones de sus películas favoritas, una verdadera y otra descaradamente falsa. Un grupo de 40 mil personas –telespectadores, oyentes y lectores– respondió a la pregunta de en cuál de las dos entrevistas decía la verdad.

Los más sagaces para descubrir las mentiras fueron los oyentes de la radio (más del 73 por ciento), mientras que solo el 52 por ciento de los telespectadores las descubrieron. Y este resultado parece plausible. Yo lo interpretaría así: el videodependiente tiene menos sentido crítico que quien es aún un animal simbólico adiestrado en la utilización de símbolos abstractos. Al perder la capacidad de abstracción perdemos también la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso”.

Absolutamente inquietante, pero cierto. Para no ir a la casa del vecino, tenemos que en el Ecuador, el mal llamado periodismo de investigación (televisivo) llegó por vía de los programas sensacionalistas de las cadenas “hispanas” (¡qué término más odioso!, ¿no les parece?) tipo ‘Primer impacto’. Solo recordemos a quienes en algún artículo Simón Espinosa llamó “los Josés”, con sus espacios donde corrían detrás de la Policía en varios operativos o abusaban de la cámara escondida. Y, por supuesto, cómo olvidar a ‘Dentro y fuera’, conducido por el destituido diputado Vicente Olmedo y su esposa, Maricarmen Ramírez.

Bueno, ahora uno de los “Josés” es Secretario de Comunicación. Todo un símbolo de los alcances de la telebasura. Aunque, vale la pena reconocerlo, José Toledo en sus últimas incursiones (‘Hora Uno’) pulió en algo el sensacionalismo encubierto como periodismo de investigación.

“El sensacionalismo es la reducción de la verdad de un hecho a sus aspectos más sensacionales. Es decir: se trata de una verdad a medias”, dice el maestro Javier Darío Restrepo. Parafraseando el lema de ‘Gran Hermano’; eso, ¿no es la televisión misma?

Hoy Gamavisión estrenará un nuevo programa que se autoproclama como de investigación periodística, su nombre ‘El cuarto poder’. Sus promocionales indican que se trata de un espacio más en la línea de la denuncia y el sensacionalismo. Porque se debe aclarar algo: la denuncia no es lo mismo que periodismo investigativo.

El primero se queda en publicar una información proporcionada por alguien, filtrada por alguna institución, escuchada subrepticiamente u obtenida por cualquier vía, no comprueba los hechos y no toma en cuenta la parte aludida.

Los televidentes cruzamos los dedos para que el nuevo programa de Gamavisión (opacado por ‘La noche del 10’) no sea así y realmente se abra un programa para el verdadero periodismo de investigación.

En este momento el único espacio que apunta en ese sentido es ‘30 Minutos Plus’ de Teleamazonas. Por lo menos si se atiende a la seriedad y el rigor con los cuales trata cada tema. No obstante, su horario, solitario en el “late night” (como llaman los estadounidenses a esa parrilla), hace que tenga menos impacto de lo que merece.

Aunque ‘30 minutos’ es periodismo de profundidad, pero tampoco cumple la premisa que alguna vez le escuché a Daniel Santoro, el periodista argentino que descubrió la venta de armas del gobierno de Menem a Ecuador y Croacia: “Periodismo de investigación es aquel que revela algo que a algún poderoso le interesa ocultar”.

Entonces, “periodismo de investigación” sigue siendo otro de los temas pendientes de la televisión ecuatoriana.

Bush enfrenta su peor pesadilla: Katrinagate

Bush enfrenta su peor pesadilla: Katrinagate

Tomado de BBCMundo.com

Escrito por Matt Wells (BBC, Los Ángeles)

Mientras el presidente de Estados Unidos corre a visitar de nuevo las zonas afectadas por el huracán Katrina, se hace cada vez más evidente que se enfrenta uno de los más grandes retos políticos desde la caída de Richard Nixon en 1970.

Así como sucedió entonces, el buen periodismo es lo que está de fondo sobre lo que viene sucediendo.

Sin embargo, a diferencia de Watergate, el denominado "Katrinagate" se trata de periodismo como un servicio público que expone una verdad de manera continua.

En este caso no hacen falta las reuniones secretas con "Garganta Profunda", pues las cámaras han captado la realidad de lo que estaba pasando en el centro de convenciones de Nueva Orleans, haciendo quedar mal las excusas que eran presentadas por aquellos en cargos públicos.

Por ello, en medio del horror, el periodismo estadounidense podría estar recuperando su espina dorsal, gracias Katrina.

En EE.UU., los reporteros y presentadores de noticias suelen pertenecer a la misma clase social y raza que las personas a las que supuestamente deben cuestionar.

Viven en los mismos suburbios, van a las mismas fiestas y tienen vínculos con los mismos intereses en el mundo de los negocios.

Las grandes corporaciones son dueñas de los canales de noticias, y en Washington muchos políticos se apoyan en estos grupos para financiar sus campañas de reelección en Estados Unidos.

Es la perfecta receta para un periodismo tímido, que además se autocensura, y que no puede competir con la maquinaria de comunicaciones del gobierno de Bush.

Viraje

Pero la semana pasada, la complacencia se acabó y la indignación moral en contra de un gobierno que respondió inadecuadamente empezó a resurgir, incluso por parte de aquellos bien peinados presentadores de noticias que rara vez abandonan sus escritorios en Nueva York o Washington.

El ejemplo más espectacular se produjo el viernes pasado en la cadena Fox, que es reconocida por su línea editorial pro-republicana. De hecho, el canal de televisión, que posee Rupert Murdoch, se identifica como de oposición a "los medios liberales".

Cuando en Nueva Orleans la gente empezó a enfermarse o morir, e incluso sentarse en su propio excremento, el presentador de Fox Shepard Smith le declaró la guerra a la información que se manejaba hasta el momento que sólo reflejaba los saqueos.

En otras estaciones de televisión, como NBC, CNN y ABC, personajes que suelen salir del paso con una sencilla rueda de prensa fueron confrontados por reporteros dispuestos a acabar con la apatía hacia los damnificados.

Las versiones que presentaron los altos funcionarios gubernamentales sobre la asistencia que se estaba prestando a los necesitados, en las entrevistas al aire, fueron inmediatamente desafiadas y expuestas como mentiras o producto de la desinformación.

Y no se necesitaba de un título en periodismo para darse cuenta de esto, sólo el haber visto la televisión horas antes era suficiente para sacar estas conclusiones.

La preocupación Irak

Fue increíble que el pasado viernes el mandatario estadounidense le diese una palmada de felicitaciones al encargado del programa de emergencias de EE.UU., diciéndole que estaba haciendo "un gran trabajo", para luego bañar en halagos a los políticos y funcionarios que claramente estaban fallando.

De hecho, Bush se vio confrontado cuando un reportero que cubría su viaje a Mississippi tuvo la osadía de sugerirle que el hecho de tener un tercio de la Guardia Nacional acantonada en Irak pudo haber mermado la respuesta gubernamental.

Pero esto es algo a lo que, sospecho, tendrá que acostumbrarse de ahora en adelante: la lista de preguntas sin responder es muy larga para poder ser ignorada o escondida.

No sólo han sido la televisión y la radio las que se han quitado los guantes.

Uno de los más fervientes seguidores del gobierno de Bush en el New York Times, David Brooks, también mostró su enojo.

Brooks y otros columnistas están llamando a este desastre natural como el "anti-11 de septiembre".

"La primera regla de una sociedad -cuando hay una crisis se protege a los vulnerables- fue pisoteada", escribió el articulista el pasado domingo.

"Dejar a los pobres en Nueva Orleans fue el equivalente moral a dejar a los heridos en el campo de batalla", agregó.

El futuro

Todavía es muy pronto para determinar si esta situación se convertirá en un verdadero "Katrinagate" para el presidente Bush, por lo que cómo reacciona en las próximas semanas será crucial para su período de gobierno.

Las autoridades han estado en la mira de los estadounidenses, quienes, algunos por primera vez, se han dado cuenta que el colapso de los diques en Nueva Orleans es el resultado de una debilitada infraestructura en todo el país.

Culpar a los estados y funcionarios locales, como intentó Bush, no será suficiente.

Más allá de la tarea inmediata de resolver los problemas de vivienda y educación de los damnificados, habrá un minucioso seguimiento a la comisión que investigará las acciones tomadas luego de Katrina.

La incompetencia que seguramente será expuesta no dejará intacto al comandante en jefe ni su maquinaria que dejó Nueva Orleans diciendo que todo iba a estar bien.

Mucha gente seguía atrapada, hambrienta y muriendo, a menos de una milla de distancia.

El Estados Unidos de raza negra no olvidará las fallas del gobierno, como tampoco lo hará el Golfo de México.

Decenas de miles de electores cuyas vidas han sido destruidas irán a las urnas el año próximo, para los comicios de mitad de período, en el estado adoptivo de Bush: Texas.

La última palabra le corresponde al histórico diario que informa desde el centro del desastre, el New Orleans Times-Picayune, que publicó este fin de semana una carta abierta.

"Estamos indignados señor presidente y lo estaremos por mucho tiempo incluso luego de que nuestra querida ciudad vuelva a estar seca. Nuestra gente merecía ser rescatada, muchos que pudieron ser evacuados, fueron abandonados. Eso es una vergüenza para este gobierno".

El lenguaje de los medios sobre el Katrina: los negros "saquean", los blancos "encuentran"

El lenguaje de los medios sobre el Katrina: los negros "saquean", los blancos "encuentran"

Tomado de Rebelion.org

La página web www.boingboing.net ha publicado una captura de pantalla del servicio de noticias de Yahoo, en el que se observa el diferente tratamiento que se hace de dos fotografías similares sobre las inundaciones de Nueva Orleans consecuencia del huracán Katrina. La diferencia entre ambas imágenes es que mientras que en la primera la persona que arrastra un saco sobre el aguas es afro-americano, quien lleva el saco en la segunda de las fotografías es blanca. Ambos se encuentran con el agua hasta el cuello (literalmente) pero el término utilizado por las agencias informativas para refererse a la acción de transportar un saco de origen desconocido es muy diferene: el negro saquea (loot), sin embargo, los blancos encuentran (find).

La primera de las fotografías es de la agencia Asociated Press y la segunda de AFP, la que, a la vista de la polémica causada en EEUU, ha solicitado a Yahoo la retirada de sus fotografías. Por su parte, Yahoo ha manifestado que ellos no son los autores y editores de los cientos de imágenes y noticias que se publican, y achacan toda la responsabilidad sobre los comentarios en la agencia proveedora de las imágenes.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=19634

Los otros Watergate del periodismo mundial

Los otros Watergate del periodismo mundial

Escrito por Andrés Alfonso Pachón A para www.elpais.com.co

Aunque por su trascendencia el Caso Watergate parece haber eclipsado otros misterios e investigaciones de la historia del periodismo, lo cierto es que no son pocos los recuentos oscuros que han salido a la luz pública gracias a la sagacidad y ‘olfato’ noticioso de decenas de reporteros alrededor del mundo.

No obstante, en este proceso quienes logran destapar las ollas podridas terminan a menudo siendo la noticia misma, tal y como les sucedió a Carl Bernstein y Bob Woodward, el par de periodistas del Washington Post que le siguieron la huella al gobierno de Richard Nixon hasta que éste, presionado por sus reportes periodísticos, debió dimitir el 8 de agosto de 1974.

Tal historia les valió a los dos jóvenes reporteros tanto el Premio Pulitzer de periodismo como el salto a la fama, un reconocimiento al que también se han hecho acreedores otros colegas de oficio por sus publicaciones.

El País presenta una selección de tres casos periodísticos que han brillado por ser exhaustivos.

A SANGRE Y PULSO. Truman Capote, uno de los pioneros del nuevo periodismo, trabajó durante la primera mitad de la década de los 60 en la realización de A Sangre Fría, un extenso reportaje periodístico en el que el registro de lo que parecía ser un simple hecho de sangre terminó convirtiéndose en todo un best seller.

Todo empezó en noviembre de 1959, cuando Capote leyó en The New York Times la noticia del asesinato de la familia Clutter en un pueblito de Kansas.

Lo que despertó su curiosidad no fue el asesinato en sí de la familia (el padre, la madre y dos de sus hijos), sino el efecto que provocaron esos terribles acontecimientos, aparentemente inmotivados, en una comunidad tan pequeña y aislada como Holcomb.

En un principio pensó en escribir una historia corta acerca de la ciudad y de la familia, pero según se fueron desarrollando los acontecimientos la obra comenzó a tomar otros tintes, hasta llegar al móvil del homicidio.

Para realizar tal trabajo, Truman Capote debió trasladarse a Kansas, pero cuando ya estaba en la mitad del libro la Policía capturó al par de asesinos, por lo que debió retomar la historia casi de cero.

Las continuas entrevistas con los asesinos y el seguimiento de todo el proceso judicial le ayudaron a continuar con su proyecto, que sólo vio la luz en 1966, luego de seis años de trabajo y un año después que los asesinos fueron ejecutados como condena.

CASO KELLY. El 18 de julio de 2003, el cadáver del científico británico y experto en armas David Kelly puso al descubierto la fuerza social que tiene el llamado Cuarto Poder.

Kelly había desaparecido días después de haber sido identificado por el gobierno británico como la fuente de información de la cadena BBC que aseguró que el Comité de Inteligencia del Gobierno de Tony Blair había exagerado informes sobre armas de destrucción masiva en Iraq para justificar la guerra con ese país.

El reconocido experto en armas químicas se encontró atrapado en el fuego cruzado entre el Gobierno británico y los medios de comunicación desde mayo de 2003, debido a las declaraciones que le dio al periodista Andrew Gilligan sobre el particular.

Corresponsal de defensa y de asuntos diplomáticos del programa Today, en Radio 4 de la BBC, Gilligan informó el 29 de mayo de 2003 que una "fuente fiable del servicio de espionaje" le había asegurado que el primer documento del Gobierno sobre Iraq había sido manipulado.

En esto terminó involucrado Alastair Campbell, director de Comunicación de Downing Street, toda vez que Gilligan lo acusó de ser el responsable directo de que Tony Blair dijera ante el Parlamento que el líder iraquí, Saddam Hussein, podía usar armas de destrucción masiva en 45 minutos. Campbell lo negó siempre y su empeño en hacer rectificar a la BBC que él había ‘adornado’ el expediente terminó sacando a la luz pública el nombre de Kelly.

ASESINATO DE UN PAPA. Según importantes investigaciones europeas, detrás de la muerte del papa Juan Pablo I, fallecido en extrañas circunstancias a los 33 días de pontificado en 1978, se habría tejido una siniestra conspiración en la que estarían insertos tanto la CIA como la KGB, la logia P2 y otras organizaciones de gran relevancia internacional.

Aunque poco reconocido como reportero, más sí como escritor, David Yallop publicó en 1984 ‘¿En el nombre de Dios?’, en el que expone la tesis más polémica y conflictiva sobre el caso, ya que planteaba directamente una conspiración urdida para asesinar al Papa con digitalina, un poderoso veneno, con el fin de impedir los cambios planteados por él para acabar con la corrupción.

Luego de tres años de intensas investigaciones en las que contó con la colaboración clandestina de algunos miembros de la signatura vaticana, Yallop quiso demostrar que el Vaticano encubrió las circunstancias en que se produjo el fallecimiento y proporcionó indicios suficientes para considerar necesaria la apertura de una investigación oficial.

Su libro provocó un verdadero escándalo, haciendo que la situación se tornara realmente grave, hasta el punto de llevar a un ultraconservador como el escritor francés Jean Parvulesco a aceptar la posibilidad de que Juan Pablo I fuese ejecutado para evitar que condujese a la Iglesia a una desviación teológico, progresista y tercermundista.

Los recursos discursivos que emplea un orador pueden revelar sus intenciones

Los recursos discursivos que emplea un orador pueden revelar sus intenciones

Lingüistas de la Universidad de Almería (España) están llevando a cabo un proyecto de investigación sobre el uso de las series enumerativas en el lenguaje ordinario, un análisis que va más allá de la pura retórica.

Escrito por A. Benítez para: www.andaluciainvestiga.com

Apreciar la intención o la actitud de quien utiliza el lenguaje es posible a través del análisis del discurso, actividad a la que se dedica el grupo ILSE (Investigaciones Histórico-Lingüísticas y de las Hablas Vivas del Sudeste Español) de la Universidad de Almería. Mediante recursos y prodecimientos discursivos, cualquier persona es capaz de plasmar en lo que dice o escribe su sello de identidad, dejando traslucir cuáles son sus verdaderas pretensiones a la hora de hablar.

Precisamente, uno de estos recursos son las series enumerativas, que más allá de ser meros mecanismos de retórica poética integrada en el paralelismo, han pasado a ser consideradas como un elemento de refuerzo del mensaje. Según expertos lingüistas de la UAL pertenecientes al grupo ILSE, “las series enumerativas son mecanismos muy empleados por políticos en sus discursos o por frailes en sus sermones para elevar el peso retórico y la fuerza emotiva de su oratoria”. De hecho, otros especialistas han considerado las series enumerativas como uno de los giros más determinantes a la hora de transmitir emociones.

Una serie enumerativa consiste en la repetición de varias unidades discursivas relacionadas entre sí por la sintaxis y en las que subyace algún elemento común. El estudio en profundidad de estas series enumerativas ha merecido la concesión de un proyecto de investigación del Ministerio de Educación y Ciencia en diciembre de 2004, con el cual estos especialistas tratarán de explicar qué funciones discursivas cumple el empleo de este recurso en el lenguaje oral espontáneo, donde las series enumerativas se usan con más frecuencia de lo que se piensa. Los motivos de este uso pueden ser varios: para mejorar la inteligibilidad del discurso, para establecer una postura de no confrontación con un interlocutor y para economizar el proceso de codificación del mensaje, en función de la relevancia d ela información.

Congreso Internacional de Análisis del Discurso Oral en noviembre

Los días 23, 24 y 25 de noviembre del presente año se celebrará en la Universidad de Almería un Congreso Internacional de Análisis del Discurso Oral. Este Congreso nace como iniciativa del grupo ILSE (Investigaciones Lingüísticas del Sudeste Español) de la UAL, que está trabajando sobre el discurso oral desde su fundación, en 1993.

Este grupo de investigadores ya organizó un Simposio sobre Discurso Oral en 1994, pionero en el mundo hispánico y cuyas actas han resultado ser un importante referente para todos los interesados en este campo de investigación. Desde 1998, el grupo ILSE se ocupa de la preparación de cada volumen de la revista internacional “Oralia. Análisis del Discurso Oral”, editada y distribuida por Arco Libros. Los responsables del Congreso serán los profesores doctores Luis Cortés Rodríguez y Antonio M. Bañón Hernández, ambos pertenecientes a la Universidad de Almería, codirectores de la revista “Oralia”.

Como objetivos del evento, desde la organización se pretende conseguir una muestra representativa de las últimas aportaciones del Análisis del Discurso aplicadas a los textos orales en español; ofrecer a la comunidad científica española herramientas adecuadas para el estudio crítico del discurso oral y rescatar manifestaciones orales en los textos históricos a partir de las iniciativas surgidas en los últimos años para el estudio de la lengua en su contexto social. Asimismo, como objetivos específicos, se plantea el profundizar en la teoría del discurso oral a través del mejor conocimiento de las utilidades del discurso; avanzar en el conocimiento de los corpora de lengua oral e intensificar el estudio de las estructuras discursivas relativas a los diferentes registros, tanto los menos formales como los menos formales, entre otros.

Más información:

Luis Cortés Rodríguez
Departamento de Filología Española y Latina
950.01.52.53
lcortes@ual.es

Web del Grupo ILSE: www.grupoilse.org

Newsweek: periodismo, propaganda, religión

Newsweek: periodismo, propaganda, religión

Tomado de http://www.cronica.com.mx/
Autor: Juan Manuel Martínez Trejo

¿Guerra de tinta e Internet?

En el escenario internacional siguen abriéndose polémicas interesantes alrededor de los medios de comunicación, de las cuales se desprenden vertientes que podrían ayudar al análisis de nuestros casos domésticos, evidentemente sin descuidar los diferentes contextos en que se producen.

Sobresalió el caso de Newsweek, cuyo efecto trascendió el de la “guerra de tinta e Internet” —expresión que usó José Angel Gurría cuando estaba al frente de la SRE para definir la situación en Chiapas—.

El 9 de mayo, el semanario estadunidense —propiedad de la empresa editora que también controla The Washington Post y la revista de Internet Slate— difundió un pequeño reporte denunciando supuestas profanaciones del Corán en la prisión de Guantánamo: se habría tirado al inodoro un ejemplar para lograr que los presos hablaran.

Un primer ángulo de análisis lleva al tema de la responsabilidad que tienen los medios al difundir su información: el pequeño texto generó protestas en varios países musulmanes que derivaron en la muerte de algunas personas en Afganistán.

Estados Unidos y el mundo musulmán

Un sondeo del Pew Research Center, citado por el periódico USA Today, mostró que en la mayoría de los países musulmanes se tiene una mala imagen de Estados Unidos. En Jordania, por ejemplo, sólo tiene 5% de opinión a su favor.

Ello explicaría la magnitud de la respuesta de la administración de George W. Bush.

El 16 de mayo, Condoleezza Rice dijo que el reporte de Newsweek causó “un gran daño” a los intentos de Estados Unidos de acercarse al mundo musulmán. Puso el acento en un punto sensible para los medios: dijo que lo triste es que era un artículo que no estaba bien fundamentado.

Scott McClellan, vocero de la Casa Blanca, señaló que aunque el semanario reconoció que sus datos estaban equivocados, se negaba a hacer una retractación profunda; además, sugería satisfacer ciertos estándares periodísticos.

“Fuentes”: los claroscuros

Mark Whitaker, editor de Newsweek, explicó que los reporteros Michael Isikoff y John Barry obtuvieron su información de una fuente gubernamental.

Dijo que los datos fueron consultados, por separado, con dos funcionarios del Departamento de Defensa: mientras uno declinó responder, el otro dirigió su atención hacia otro aspecto de la nota, no al relacionado con el incidente con el Corán.

Comentó que finalmente, ya desatada la controversia, su fuente original les dijo que no estaba seguro de si leyó la información sobre el incidente en documentos recientes o en otras investigaciones o borradores.

En una entrevista concedida a The New York Times, el 17 de mayo, Whitaker dijo que no habría acciones disciplinarias contra los reporteros, porque hicieron lo conducente, pues no había comportamientos antiéticos, fabricación, reporteo sucio o desinterés en reconocer la severidad del problema.

¿Reporteros “chamaqueados”?

Apenas el mes anterior, Michael Isikoff recibió un reconocimiento de parte de la Society of Professional Journalists. Pero, sin duda, su más sonado éxito periodístico fue la revelación del affair entre Bill Clinton y Mónica Lewinsky.

Entrevistado por The New York Times, Howard Kurtz, de The Washington Post, dijo que estaba sorprendido al ver que Isikoff hubiera escrito una historia controvertida basada en una fuente anónima, que —dijo— es útil cuando se trata de llegar a información sensible o clasificada, pero que encierra el riesgo de revertirse cuando está equivocada.

Desde el ala republicana del Congreso salieron duros comentarios en contra de Michael Isikoff.

El mencionado Kurtz informó el 18 de mayo que Deborah Price sugirió la cancelación de la suscripción de Newsweek y consideró que una retractación no atenuaría el comportamiento imprudente de un reportero irresponsable; y que Robert Ney acusó a Isikoff de haber “fabricado” el supuesto incidente alrededor del Corán.

Periodismo, propaganda.

El caso de Newsweek motivó un llamativo comentario de Dick Morris, a quien se ubica como el principal estratega en la reelección de Bill Clinton en 1996.
En un comentario reproducido en la página electrónica “Jewish World Review”, Morris planteó que en los llamados “medios de elite” se observa un sesgo hacia la izquierda que los ha llevado a descuidar los estándares de justicia y precisión en el reporteo.
Observó un punto en común en las historias incorrectas que han difundido medios como la BBC, CBS y The New York Times: han amenazado con infligir un daño enorme a los esfuerzos de EU y Gran Bretaña para derrotar al terrorismo y al régimen de Saddam Hussein.

Dijo que él no recuerda una historia incorrecta de alto perfil que haya atacado la presidencia de Bill Clinton. Señaló, incluso, que cuando Michael Isikoff hizo las primeras revelaciones del affair Clinton-Lewinsky, Newsweek “rechazó piadosamente” dar espacio a la historia.

Rendición de cuentas

Secuela inevitable en este tipo de controversias es la reflexión acerca de los costos que los medios deben pagar.

El ya citado portavoz de la Casa Blanca planteó que lo publicado por Newsweek afectó la credibilidad de la propia revista y la de los medios de comunicación en general.

Dick Morris opinó que los medios de comunicación deben examinar sus sesgos y tratar de corregirlos, para evitar que la gente se aleje en rechazo a su obvia manipulación de la opinión pública.

Sobre esto, recientemente la Agence France-Press (AFP) difundió los resultados de una encuesta del Pew Research Center que mostró que 45% de los estadunidenses no cree nada o casi nada de lo que lee en los diarios.

Sigue el debate

Hay otra arista: de acuerdo con Pakinam Amer (Associated Press), en el mundo islámico hay quienes piensan que Estados Unidos presionó a la revista Newsweek para que se retractara del reportaje sobre Guantánamo, usándola como una especie de chivo expiatorio.

El 19 de mayo, Amer refirió que el enojo en esa región no se había diluido porque han sido frecuentes los reportes de maltrato en Guantánamo y, por tanto, se piensa que la profanación del Corán pudo haber ocurrido.

Y cuando aún no se diluía el debate alrededor de Newsweek, el diario The Sun —catalogado como el tabloide más leído en la Gran Bretaña— abrió otro frente: publicó en su portada una fotografía de Saddam Hussein en calzoncillos.

Según el rotativo, esa imagen y otras más que trae en su interior fueron proporcionadas por “fuentes militares de EU” con el objetivo de doblegar a la resistencia iraquí mostrando la real dimensión de Hussein. Mientras tanto, el Ejército de EU anunció inmediatamente la apertura de una investigación.

El anuncio pasó casi desapercibido: el 18 de mayo, la cadena CBS anunció el fin de la edición del miércoles del programa “60 minutos”, en el cual hace meses se cuestionó el servicio militar de Bush con base en documentos de dudosa autenticidad.
La AFP reportó que Leslie Moonves, presidenta de CBS, descartó que la cancelación de dicha emisión tuviera que ver con ese tema: argumentó que todo era una cuestión de índices de audiencia.

El autor es socio fundador de Consultores en Investigación y Análisis de Medios, S.C.
jmmartinezt@prodigy.net.mx

Anunciados Premios Pulitzer

Anunciados Premios Pulitzer

(Tomado de www.gramma.cu) El diario estadounidense Los Angeles Times ganó ayer dos premios Pulitzer, incluyendo el galardón de Servicios Públicos, por exponer los mortíferos problemas médicos y la injusticia racial de un hospital urbano situado en un barrio pobre.

El periódico The Wall Street Journal obtuvo también dos, uno de ellos por los artículos sobre pacientes que sobrevivieron a un cáncer.

Mientras, The Associated Press se hizo con un premio por una serie de fotos sobre los cruentos combates en las ciudades iraquíes.

La cabecera The Star-Ledger, de Newark (Nueva Jersey) consiguió un premio por sus rápidas informaciones de la dimisión del ex gobernador demócrata después de anunciar que era homosexual y confesar que tuvo una relación adúltera con uno de sus ayudantes, un israelí al que nombró asesor de seguridad y al que la Oficina Federal de Investigaciones (FBI en sus siglas en inglés) le negó la autorización para tener acceso a información confidencial por ser extranjero.

Nigel Jaquiss, del Willamette Week, de Portland, Oregón, se hizo con el premio al mejor reportaje de investigación al describir las relaciones sexuales de un ex gobernador con una adolescente de 14 años.

Gareth Cook, del The Boston Globe, ganó en la categoría de periodismo de investigación por sus detalladas descripciones sobre las complejas dimensiones científicas y éticas de la investigación con células madre.

Amy Dockser Marcus, del diario financiero The Wall Street Journal, se alzó con un premio por sus artículos sobre los pacientes que han sobrevivido a un cáncer. El otro galardón obtenido por el ’WSJ’ fue para Joe Morgenstern por sus críticas de cine.

Walt Bogdanich, de The New York Times, ganó el premio de la cobertura nacional por sus artículos sobre el encubrimiento de responsabilidades corporativas en relación con un accidente en un paso a nivel ferroviario.

Además, fueron otorgados dos premios por reportajes internacionales: a Kim Murphy, de Los Angeles Times, por sus reportajes desde Rusia, y Dele Olojede, de Newsday, por sus reportajes sobre Ruanda una década después del genocidio. Asimismo, Julia Keller, del Chicago Tribune, fue galardonada por su reconstrucción de un mortífero tornado.

Connie Schultz, de The Plain Dealer, de Cleveland, ganó el premio de opinión; Tom Philp, de The Sacramento Bee, el de contenido editorial; Nick Anderson, de The Courier-Journal, de Louisville (Kentucky), el de la caricatura editorial; y Deanne Fitzmaurice, del Chronicle de San Francisco, el Pulitzer a la mejor fotografía. Chronicle de San Francisco obtuvo el Pulitzer y un cheque de 10 000 dólares (unos 7 784 euros). La autora describe así la instantánea: "Pese a tener buen carácter, Saleh era sensible a su aspecto. Una tarde, cuando otros niños se le quedaron mirando, se enfadó quedándose preocupado. Las enfermeras trataron de tranquilizarle enrollando un rotulador a su muñón para que pudiera pintar. Saleh dibujó un avión tirando bombas" (FOTO QUE ILUSTRA ESTA NOTA).

Cada premio conlleva un cheque de 10 000 dólares (unos 7 784 euros), salvo el de servicio público, que recibe una medalla de oro.