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Weblog del prof. Antonio Núñez Aldazoro (UCV)

El argentino que se hizo querer de todos (Por Gabriel García Márquez)

El argentino que se hizo querer de todos (Por Gabriel García Márquez)

Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados.
A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en que momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible.
Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo.
Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también las que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer.
Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de Lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta, entre peloteros más mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón.
Años después, cuando ya éramos viejos amigos, creí volver a verlo como lo vi aquel día, pues me parece que se recreó a si mismo en uno de los cuentos mejor acabados - El otro cielo -, en el personaje de un latinoamericano sin nombre que asistía de puro curioso a las ejecuciones en la guillotina. Como si lo hubiera hecho frente a un espejo. Cortázar lo describió así: "Tenía una expresión distante y a la vez curiosamente fija. La cara de alguien que se ha inmovilizado en un momento de su sueño y se rehúsa a dar el paso que lo devolverá a la vigília.". Su personaje andaba envuelto en una hopalanda negra y larga, como el abrigo del propio Cortázar cuando lo vi por primera vez, pero el narrador no se atrevía a acercársele para preguntarle su origen, por temor a la fría cólera con que él mismo hubiera percibido una interpelación semejante. Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor. Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo. En las muchas que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con la que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez.
Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que ha causado su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente. En alguna parte de La vuelta al día en ochenta mundos un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elogías por Julio Cortázar. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.

Fuente: http://www.juliocortazar.com.ar

Megafusiones tecnológicas y periodismo

Megafusiones tecnológicas y periodismo

Todo parece indicar que uno de los símbolos más importantes de esta época globalizada es la fusión empresarial. Bajo el concepto de alianza estratégica como forma de supervivencia o adquisición de paquetes accionarios para la recuperación de consorcios en problemas; términos como incorporar, agrupar, amalgamar y congregar, resultan del agrado de los think tankers a la hora de encontrar la manera ideal para aplastar al más débil o, por el contrario, simplemente sobrevivir en el mercado. Estas fusiones, aunque ante los ojos de muchos son netamente “empresariales”, esconden la unión de áreas propiamente tecnológicas con actividades consideradas “intelectuales”, en las cuales se encuentra, por ejemplo, el periodismo.
El francés Armand Mattelart lo explica con tino, al referirse a la evidente fusión entre técnica y sociedad, en estos tiempos marcados por el dominio de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos del quehacer cotidiano. “Hay una palabra –indica Mattelart- que domina la lógica empresarial: la integración. Es un vocablo que recuerda la visión cibernética de la organización de grandes unidades económicas en el mercado mundial. Integración de los espacios, del diseño, de la producción y del consumo. Y, finalmente, integración de actividades antes separadas. Para convencerse, no hay más que recordar los neologismos aparecidos recientemente en el lenguaje técnico, angloamericano por excelencia: advertiorals (contracción de adversiting y editorials), informercials (information y commercials), infotainment (information y entertaiment) y, más recientemente, edutainment. Una hibridación de palabras que corresponden a la hibridación que ha hecho posible la informática de tecnologías de la información y la comunicación” .
Internet, máximo símbolo de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC), ha sido el campus perfecto para demostrar dicha “integración”. El llamado periodismo digital (fusión entre Internet y Periodismo) resulta objeto de estudio y discusión por parte de investigadores y conocedores del tema de las NTIC, pero en la mayoría de los casos es abordado como una nueva forma de la profesión y no se ha tomado en cuenta la influencia que el uso de esta tecnología ha ejercido en el periodismo.
Sin duda alguna, Internet ha sido un factor importante para la nueva concepción del periodismo moderno. La modificación que ha introducido en la búsqueda, tratamiento y difusión de la información es indiscutible. Términos como hipertextualidad, interactividad, adaptabilidad del mensaje al receptor, entre otros, han dibujado el nuevo panorama del ejercicio periodístico. Sin embargo, resulta también importante conocer la defensa que practican los cultores del periodismo tradicional en contra de las presiones que se derivan de las megafusiones tecnológicas.
Un buen ejemplo de ello es el editorial de la revista Time del 21 de enero de 2000, en el cual, a raíz de la fusión corporativa de American Online (mayor proveedor de Internet de Estados Unidos) y el consorcio multimedia Time Warner (al que pertenece la publicación), los editores establecen los criterios de defensa del periodismo que siempre los ha caracterizado. “La próxima fusión creará una corporación aún mayor y compleja. Pero el principio que guía nuestro periodismo es tan simple como siempre. El respeto por la independencia periodística ha formado parte de los valores de nuestra compañía durante tanto tiempo que lo llevamos ya en nuestros genes, y la fórmula para mantener el éxito de nuestra revista es seguir en esa misma línea. Los errores de discernimiento serán, como siempre, responsabilidad de los editores y periodistas, no de la estructura y políticas corporativas”.
Asimismo, en la nota, Norman Pearlstine y Walter Isaacson, editor en jefe y editor de Time, respectivamente, reconocen los peligros que se ciernen sobre el ejercicio profesional a partir de las megafusiones corporativas. “Hoy en día la mayoría de los grandes semanarios tiene complejas alianzas y acuerdos con cadenas televisivas y servicios de Internet. Esto no significa que sean necesariamente corruptas, como tampoco que el tamaño de la compañía tenga que ver con su calidad. Lo que importa son los valores profesionales. Creemos que los nuestros, principalmente el de la integridad editorial, se traducen directamente en el valor que nuestro semanario tienen para ustedes, los lectores. En un mundo donde abundan las fuentes de información, sólo sobreviven aquellas que gozan de mayor credibilidad”.
Efectivamente, el editorial de Time resalta la actual abundancia de fuentes informativas, situación que se ha motorizado a partir de la intensificación en el uso de Internet. “Todos pueden informar y todos pueden ser informados”, parece ser la premisa de quienes defienden la universalidad democrática de la Red de Redes. Con las fusiones de corporaciones mediáticas (lo cual ya se había advertido con las alianzas entre empresas editoriales y televisoras) se expande el universo de “lectores” potenciales de un medio impreso, como también se extienden de manera infinita las posibilidades de buscar información.
Esto crea un problema técnico, desde el punto de vista del cómo encontrar la información adecuada, y un nuevo reto ético para el periodista, en cuanto a la veracidad y confiabilidad de los datos obtenidos para ser difundidos. En otras palabras, “credibilidad”, como auguran los editores de Time.
Hechos como la difusión del escándalo de Mónica Lewinsky a partir de un rumor en Internet y las demostraciones de propaganda negra en las elecciones presidenciales venezolanas de 1998, son sólo algunos casos de cómo la Red de Redes se ha convertido en un universo de fuentes para la información periodística, pero también en una arena movediza para el ejercicio profesional del otrora reportero.

Venezuela in situ

En Venezuela, son prácticamente inexistentes las fusiones o alianzas corporativas entre compañías de servicio de Internet y empresas periodísticas. Sin embargo, la aparición de versiones digitales de periódicos tradicionales y el surgimiento de publicaciones netamente electrónicas ha sugerido de igual forma la incógnita sobre si realmente los periodistas venezolanos están preparados para enfrentar los nuevos esquemas planteados.
El primer reto que se presenta es la hiperdiversidad de fuentes. Además de las fuentes tradicionales para la obtención de información, Internet se ha convertido, poco a poco, en una nueva “estación de obtención de datos” para el periodista. El correo electrónico y el World Wide Web son las dos principales metodologías para que el periodista se nutra de noticias. Por ejemplo, a través de e–mails es posible transgredir barreras burocráticas que antes limitaban la acción del periodista para acceder directamente a un entrevistado. Hoy en día, es posible, gracias al correo electrónico, conversar con el presidente de una gran compañía o un gobernador de un estado, sin necesidad de convencer a su asistente, a su secretaria y a su agente de relaciones públicas. Eso sí, sólo se espera que el personaje en cuestión también cuente con la tecnología y ésta sea de su uso cotidiano.
El Word Wide Web también hace lo suyo al respecto. Diversas organizaciones, es decir, compañías privadas, entes gubernamentales, ONG´s, entre otras, colocan su información de interés colectivo en páginas web, a las cuales los periodistas acuden para la obtención de datos. En los últimos días, uno de los modelos más elocuente ha sido el website del Consejo Nacional Electoral (CNE), ente encargado de ofrecer los resultados finales de los procesos electorales realizados en el país.
Los periodistas de la fuente comicial, y los periódicos en general, basaron en un 100% la información ofrecida en su edición posterior a los actos electorales del 8 de noviembre y 6 de diciembre de 1998 –y los subsiguientes de 1999– en los resultados presentados en dicha publicación electrónica, constituyéndose como la fuente más rápida y confiable para la obtención de tan importante información.
Pero, ¿cuántos periodistas y medios de comunicación locales están preparados para la búsqueda electrónica de esta información? Dicha pregunta es posible responderla sólo con una investigación a fondo de los recursos tecnológicos con que cuenta cada medio de comunicación, y de éstos, cuáles son ofrecidos a los reporteros para que realicen su trabajo.
Lo que sí es posible en este momento es determinar cuáles son los retos que se plantean al reportero venezolano desde la perspectiva de los cambios que han ocasionado en el ejercicio periodístico, no sólo las megafusiones como la de Microsoft–National Broadcasting (NBC) o, más recientemente, la AOL–Time Warner; sino también la propia naturaleza de las Nuevas Tecnologías de la Comunicación.

El periódico inteligente

Según Nicholas Negroponte, director del Laboratorio de Medios del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), el usual esquema de información periodística estaba basado en la vieja norma de que “el transmisor determina todo y el receptor simplemente toma lo que recibe”.
Para el investigador norteamericano, los diarios tradicionales son producidos “con toda la inteligencia en el punto de transmisión”, estableciendo un supuesto orden coherente de acuerdo a géneros, fuentes y tipo de información. Sin embargo, con la llegada de los medios electrónicos a través de Internet, la estructura y presentación de los periódicos y revistas digitales podrá “adaptarse” a los gustos, intereses y saberes del lector final, construyendo así no una sino millones de ediciones personalizadas, las cuales responderán a ciertos parámetros suministrados previamente por el usuario bien sea a través de un correo electrónico o de una encuesta on line.
Este novedoso esquema de comunicación masiva se ha identificado como “narrowcasting”, el cual, a diferencia del “broadcasting” (modo tradicional de transmisión de información), está definido por cada uno de los destinatarios finales y no por el emisor.
Sin duda, esta transformación representa un reto para el periodista, pues el hecho de que los medios se adapten a cada usuario, determina una hipersegmentación del mensaje comunicacional. Ya no se transmite una noticia, un reportaje o una crónica a través del medio a una masa informe e indeterminada de lectores. Aunque suene imposible, ahora el periodista deberá diseñar la información exclusivamente a cada usuario.
No obstante, en Venezuela los medios de comunicación digitales siguen manteniendo “la inteligencia” en el punto de transmisión y no en el de recepción. En nuestro país aún no han sido registradas experiencias al estilo de algunas publicaciones norteamericanas en las que incluso existen softwares que diseñan automáticamente una edición personalizada para quien recibe la publicación electrónica.
A pesar de ello, el periodista venezolano tendrá que estar muy pendiente en el futuro no sólo de los gustos del usuario, sino también de sus exigencias informativas. Un lector avezado no se limitará a abandonar la lectura y “botar” el texto que lee si éste no lo satisface, pues exigirá al reportero, a través de peticiones previas a la transmisión de una información, detalles adicionales sobre la veracidad, confiabilidad y complejidad de los datos suministrados.

Interactividad limitada

Según Nicoletta Vittadini, en la recopilación de textos realizada por Gianfranco Bettetini y Fausto Colombo, titulada “Las nuevas tecnologías de la comunicación” (Paidós, 1995) una de las características más innovadoras de los nuevos media lo constituye la instauración de una modalidad comunicativa no permitida antes por los media: la comunicación interactiva.
“En efecto –asegura Vittadini- la configuración tecnológica de los nuevos media determina la superación de uno de los caracteres de la comunicación unidireccional y difusiva propia de los media tradicionales: la ausencia de un feedback inmediato, simultáneo a la emisión y enviado al receptor por el mismo canal de transmisión. La interactividad, por consiguiente, se define como diferencia –o más exactamente evolución- respeto de la comunicación permitida por los media unidireccionales y se caracteriza por la sustitución de la canalización pasiva por una utilización activa del medio”.
En otras palabras, no sólo los periodistas del futuro digital se enfrentan al reto de comunicar a un público hipersegmentado, sino también a un público “replicante”.
El ansiado feedback comunicacional ya es posible gracias a los medios interactivos basados en soportes multimedia. Tanto el periodismo informativo como el de opinión se prestan a que el usuario-receptor del mensaje pueda comentarlo, refutarlo, incluso modificarlo o aportar datos nuevos. El uso del correo electrónico y la lectura digital de diarios on line permiten una auténtica interactividad entre el periodista y el lector, lo cual resultaba imposible desde hace muchas décadas.
Sin duda, este nuevo elemento también representa un desafío para el comunicador digital, pues sabrá que casi todo las informaciones periodísticas que comunique no sólo serán analizadas y disecadas por los lectores y afectados, sino también respondidas y comentadas, hasta en el mismo momento de difundirlas.
A una mayor intervención de la interactividad en los medios de comunicación electrónicos, habrá una modificación en la forma de hacerlos. Ello, pues se establece un doble acuerdo al ofrecer el medio la posibilidad de que sus receptores interactúen con él y determinen en cierta medida la manera de diseñarlos y presentarlos.
Empero, en Venezuela son pocas las publicaciones electrónicas que ofrecen modos efectivos de interactividad. El correo electrónico, los chats de conversación y los foros de discusión continúan siendo las únicas formas de interactividad que se presentan como posibilidades para el internauta, pero sólo en algunos websites. Asimismo, los reporteros y articulistas que incluyen al final de sus notas la dirección de su correo electrónico, utilizan estas formas de comunicación como un modo de interacción muy limitado, que no satisface las exigencias del lector. Prueba de ello es la total inexistencia en los textos periodísticos de referencias sobre las posibles peticiones emitidas a los redactores a través de sus e–mails.

Hipertextualidad restringida

El “hipertexto” es un concepto literario que explica la capacidad humana de vincular o conectar varios documentos a través de frases o palabras comunes entre ellos. José B. Terceiro, catedrático español y autor del libro “Sociedad Digital” (Alianza, 1996), explica la connotación del término, trasladado al uso de las Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la Información: “Tradicionalmente la información se ha producido y trasmitido de manera secuencial debido a los requerimientos impuestos por las sucesivas tecnologías utilizadas. El texto impreso ha venido organizando la información de forma lineal o jerárquica, diferente de las formas relación basada en las conexiones que se establecen entre las distintas partes de aquella. En el hipertexto, palabras, frases o documentos se asocian en toda su extensión con información del mismo o de otros documentos a través de los adecuados enlaces, salvando así las limitaciones impuestas por la naturaleza lineal del texto impreso. Esa capacidad de remisión a fuentes colaterales de conocimiento que un texto ofrece a sus lectores, la materializa el hipertexto en los hiperenlaces (hiperlinks) incluidos en el texto y distinguidos con un subrayado o un tipo distinto de letra. Cuando con el ratón del computador activamos un hiperenlace para saltar del texto actual al texto que el hiperenlace invoca, lo que estamos haciendo realmente es saltar en el hiperespacio de un documento a otro”.
La hipertextualidad digital a través de Internet y otros medios electrónicos obliga a los periodistas a dos cosas. Por una parte, a desarrollar una capacidad de vinculación entre conocimientos o hechos comunes, pero en algunas ocasiones tan distantes que se creían totalmente desvinculados entre sí. En segundo lugar, la hipertextualidad impone al comunicador una necesaria capacidad de síntesis, dada la brevedad del usuario ante la pantalla de la computadora personal (costos y exposición) y la avalancha de información que inunda la Red de Redes.
Sobre esto, Terceiro argumenta: “Tendrán éxito los grandes comunicadores que, capaces de condensar en pocas palabras la complejidad actual, pasarán a ser la referencia en la avalancha informativa. El columnismo en la prensa actuará como aportador de criterio e inteligencia para ayudarnos a dar sentido al caudal de información que nos llega, con el riesgo indudable del tremendo poder que ciertos medios tendrán en la dirección de los grandes asuntos. Como ha señalado un importante editor de prensa: ya no habrá más lugares comunes, frases hechas, criptología de camarilla, periodismos endogmáticos y provinciano, cuyo revival de los últimos tiempos no es más que su canto de cisne. Las redes globales serán las dueñas de todas las primicias y los periodistas tendrán que aplicarse a la tarea de informar bien, proporcionando noticias contextualizadas, diseccionadas y valoradas. Los lectores dispondrán así de una información más libre, plural y rigurosa”.
Lamentablemente, en Venezuela casi ningún medio electrónico ofrece hiperenlaces o hipertextos que contextualicen la información ofrecida o permitan al internauta “navegar” más a fondo en el tema de su interés. Algunas publicaciones presentan uno que otro link (enlaces) en sus textos pero no de una manera sistemática y sostenida, que conceda la posibilidad de profundizar en la materia que se investiga.
En general, son muchos los terrenos digitales en los que el periodismo venezolano falta por desarrollarse. Sin embargo, veremos como, poco a poco, operaciones multimillonarias como la fusión de American Online–Time Warner y la adopción cada vez más acelerada del uso de Internet como instrumento de la vida cotidiana, obligarán a que el tradicional reportero, y a las empresas periodísticas en general, se adapten a las indetenibles corrientes de cambio tecnológico que se están gestando en el mundo entero.

Publicado en la Revista Comunicación Nº109 (Centro Gumilla, Caracas)

Fuentes:
BETTETINI, Gianfranco y COLOMBO, Fausto. Las nuevas tecnologías de la comunicación. Ediciones Paidós. Barcelona, 1995.
MATTERLART, Armand. Los nuevos escenarios de la comunicación mundial. En Pensamiento crítico vs. Pensamiento único. Editorial Debate. Madrid, 1998
NEGROPONTE, Nicholas. Ser digital. Atlántida. Buenos Aires, 1995.
TERCEIRO, José B. Sociedad digital. Del homo sapiens al homo digitalis. Alianza Editorial. Madrid, 1996.

"Preferencia maligna" de Javier Montes de Oca R.

"Preferencia maligna" de Javier Montes de Oca R.

No habían dado las tres de la tarde en el viejo reloj de agujas que Matthew Graham tenía en su oficina, cuando aquella extraña figura atravesó el umbral de la puerta.
Aquel personaje dio unos cuantos pasos al frente y Matt pudo detallarlo bien. Pertenecía a la comunidad islámica por su característico turbante y su impecable traje blanco. Además contaba con un espeso bigote que adornaba su rostro. Se presentó ante él como Osama Bin Laden. Luego, vociferó rabiosamente unas palabras en su lengua natal, mientras gesticulaba amenazadoramente con su índice nudoso. Matt lo contempló con intriga. La expresión en su diplomática cara varió de inmediato y pulsó el botón de alarma que avisaba a la seguridad del dantesco edificio ubicado en la 5ta avenida en New York.
Pero, sin dejar rastro alguno, aquel misterioso miembro de la Organización de la Media Luna Roja se escabulló entre las cientos de personas que laboraban en las oficinas del piso 24. Matt no pudo tranquilizarse más. Tomó la taza de café de su escritorio y, sin poder dominarse, se la derramó encima del costoso traje que llevaba.
Una inesperada visita de un fundamentalista libio en un edificio oficial en New York, atestado de gente poderosa, no podía traer nada bueno. Matt Graham, quien rara vez fumaba desde su ascenso a un alto cargo, sacó un habano y temblando de miedo se lo llevó a los labios y lo encendió, después de algunos intentos fallidos.
Fue al momento de encender su tabaco cuando un infernal estallido apocalíptico retumbó en las paredes del rascacielos. Inmensas nubes de humo y polvo comenzaron a asfixiar a los presentes. La estructura del edificio crujió durante varios instantes. Lo que hacía segundos había sido un lugar normal de trabajo, se convirtió en una obra maestra de llanto, gritos y desesperación. Matt sintió la angustia y momentos de delirio surcaron sus visiones. Su sueño se estaba despedazando. El sueño de miles de individuos se derrumbaba a la velocidad que el edificio lo hacía.
En breves instantes, que a Matt le parecieron horas, se encontró en algún lugar desconocido para él. Era primero una imagen distorsionada en donde aún podía percibir el abrumador sonido de la destrucción y el caos. Pero, esta sensación de desolación y fracaso se fue disipando y sus ojos contemplaron algo que semejaba una niebla de color violeta. Se palpó el cuerpo buscando las heridas sangrantes y los huesos rotos. Su sorpresa fue máxima al verse intacto y resplandeciente. Ni un solo cabello se le había desprendido.
Entonces, supo que se encontraba en un lugar celestial, al cual los vivos no pueden acceder. Empezó a recorrerlo despacio, presenciando las maravillas más insólitas que jamás hubiera imaginado. Pero nuevamente su sonrisa se
desdibujó. Frente de su brillante silueta se encontraba otra aún más brillante. Matt comenzó a llorar con amargura y se desplomó en el floreado suelo. Osama Bin Laden se encontraba frente de sus narices, riéndose a carcajadas, sin mostrar ninguna compasión.
Junio de 2001.-

"El canto del pájaro" de Verónica Ríos

"El canto del pájaro" de Verónica Ríos

Grito. El sonido retumba en cada una de las paredes del callejón que nos encierra. Mete sus dedos en mi boca para hacerme callar. Vuelvo a gritar y me ahogo. Me muevo bajo el peso de su cuerpo pero es demasiado para mí. Viene una arcada. Vomito. Me golpea una, dos, tres veces en el rostro. Siento el calor y la hinchazón en mis mejillas. Ojalá hubiese un solo rayo de luz que rompiese la inmensidad de esta oscuridad.
El piso está muy frío y él huele a sudor rancio. Quisiera anularme y que todo acabase. Su lengua babosa se arrastra por mi rostro limpiando el vómito que lo cubre. Mis ojos se inundan de lágrimas.
De repente me falta el aire. Pateo. Golpeo. Me duelen los pulmones. Siento la forma en que se rompe la carne de mi cuello. Arde. Mi cabeza está a punto de estallar.
Me desgarra. Me parte en dos. Lo siento dentro de mí y sé que desde ahora el dolor ya nunca más podrá abandonarme. Han pasado mil años y aunque ya comienzo a olvidar lo que es el aire, sigo luchando e hinco mis uñas en sus muñecas. Pero me obliga a abrir la boca y siento un gusano moverse dentro de ella. Lo muerdo. Lo muerdo con todas las fuerzas que me quedan y la sangre desborda mis labios. Él es el que ahora grita. Trata de levantarse de mi rostro, pero no lo dejo. Lo he atrapado por la que creyó su arma más poderosa, por la que creyó ser superior a mí.
Pero no puedo más y tengo que soltarlo. Él quita el alambre de mi cuello y se incorpora, aún gritando. Toso y el aire a mi alrededor no me es suficiente. Me patea el vientre, el pecho, el rostro. Sé que mis huesos ya no aguantan mis formas humanas y me convierto en una masa sanguinolenta.
Descarga la punta de uno de sus zapatos en mi boca y siento que se me quiebran las encías. Me trago uno de mis dientes y sobre mis labios la sangre mía se confunde con la de él.
Quisiera gritar pero estoy demasiado ahogada. A lo lejos oigo el trinar de un pájaro y sé por ello que está amaneciendo, pero tengo miedo de abrir lo ojos. No quiero quedarme con su imagen pegada en la mente. Mis latidos son tan fuertes que se oyen en toda la ciudad y pienso que pronto alguien vendrá.
Ya no tengo nada, ni siquiera instintos. Me encojo sobre mí misma y sé que en poco me diferencio de un feto.
Sale el sol, no hace frío. Él se ha ido. Yo también.

Mayo de 2001.-

Pragmática y enseñanza. Importancia del enfoque pragmático en el aula universitaria

Pragmática y enseñanza. Importancia del enfoque pragmático en el aula universitaria

I. Introducción
“Cuando hago un examen trato de hacer un texto que no sea un caletre”; “Yo lo hago concatenado”; “A mí me resultan los textos creíbles y persuasivos”; “Los textos de examen deben ser llamativos”. Estas son algunas de las respuestas recibidas, luego de aplicar una breve encuesta no estructurada a 30 alumnos del segundo semestre de la Escuela de Comunicación de la Universidad Central de Venezuela (UCV). La primera pregunta que se le formuló a los bachilleres fue: ¿Qué escribe usted cuando hace un examen? No obstante, resultan aún más interesante las respuestas dadas a otras dos interrogantes formuladas: ¿Qué características contextuales de la situación “examen” toman en cuenta para realizar una prueba exitosa?; y ¿Cuál es la verdadera intención que se plantean al realizar el ejercicio? En cuanto a la pregunta sobre los elementos del contexto, estudiantes hicieron referencia a aspectos como la ropa o vestimenta que llevan al momento de realizar la prueba e incluso su estado de ánimo. Sobre la intención, algunos manifestaron “pasar la materia” y “lograr una buena nota”.
Estos resultados, producto más de un sondeo informal que de una profunda investigación, confirman la inquietud de algunos investigadores en el área del lenguaje: el desconocimiento de los alumnos (y también de los docentes) acerca de los factores extralingüísticos que determinan el éxito de la redacción de un examen o de cualquier otro tipo de evaluación escrita en el proceso de aprendizaje. Ello no ocurre exclusivamente en el ámbito universitario sino también en todas las esferas de la educación. Sin embargo, es fundamental observar con cuidado este fenómeno en los estudios de tercer nivel, pues es allí donde se le exige al estudiantado demostrar sus capacidades críticas, analíticas e interpretativas, a través del discurso escrito en todas las tipologías de textos académicos existentes: exámenes, monografías, resúmenes, informes, reportes de lectura, ensayos, tesis de grado, etcétera.
Al parecer, los estudiantes (y algunos educadores) no perciben la enseñanza como una serie de eventos comunicativos, basados en intercambios de conocimientos y significados contenidos en enunciados o grupos de enunciados. Ante esta situación, hay que entender que el éxito de la comunicación educativa radica, en primer lugar, en que el aprendizaje es una interacción social, en el que los participantes, además de cumplir un rol o estatus, acuden a ella con una intencionalidad bien definida: enseñar (los docentes) y aprender (los alumnos). Sin embargo, en los procesos de evaluación, es difícil reconocer o delimitar cuáles son los factores contextuales que podrían, a través de su definición y control, permitir un evento comunicativo (por ejemplo, un examen) más exitoso. Es decir, cuánto se ha enseñado y cuánto se ha aprendido.
Esta reflexión preliminar nos lleva a otra: cómo se enseña la escritura académica en la Universidad. Se sabe que los alumnos llegan al tercer nivel educativo sin un entrenamiento específico o especializado en la redacción de textos académicos y sin un conocimiento preciso de la tipología de los textos que deben utilizar.
Entonces, en definitiva, son dos los factores importantes a tomar en cuenta en esta problemática: el desconocimiento de los participantes en la interacción educativa de que existen factores extralingüísticos que determinan el éxito de la comunicación, es decir, aquellos que existen más allá de las instrucciones dadas por el profesor y la prueba escrita por el alumno; y, por otra parte, la impericia de los alumnos en la escritura académica y las tipologías textuales de dicho ámbito de la actividad humana.
El presente trabajo, forma parte de la asignatura Semántica y Pragmática del Discurso de la Maestría en Estudios del Discurso de la Universidad Central de Venezuela, en cuyos objetivos se encuentra revisar los desarrollos teóricos de estas disciplinas y su aplicabilidad en el ámbito del análisis del discurso y la enseñanza de la lengua.
En este breve trabajo, no se ahondará en los enfoques específicos de la enseñanza de la escritura, sino que se intentará iniciar una reflexión sobre las ventajas que brinda el manejo de los conceptos básicos de la pragmática lingüística (Escandell, 1996: 25–39) para realizar un proceso de aprendizaje exitoso.
Por último, es necesario advertir que no pretendemos tampoco dar resultados definitivos sobre un estudio de campo o análisis de corpus de textos. Esta disertación es un acercamiento preliminar para investigaciones futuras en el área de la redacción académica y las tipologías textuales en la enseñanza universitaria.

II. Pragmática y redacción académica
No basta el mero conocimiento del idioma para lograr una comunicación con éxito. Incluso, para entender de manera precisa las interacciones verbales, es necesario tomar en cuenta elementos extralingüísticos del evento comunicativo que hasta hace muy poco no eran importantes para los investigadores del lenguaje. Hoy en día, para estudiar dichas características contextuales, se recurre a la pragmática.

“... la pragmática no es un nivel más de la descripción lingüística –comparable a la sintaxis o a la semántica–, ni una disciplina global que abarca todos los niveles y los supera; la pragmática es una perspectiva diferente desde la que contemplar los fenómenos, una perspectiva que parte de los datos ofrecidos por la gramática y toma luego en consideración los elementos extralingüísticos que condicionan el uso efectivo del lenguaje” (Escandell, 1996: 10)

Esos elementos “extralingüísticos” son el contexto de la enunciación, la intención de quienes participan en la interacción, los propios participantes, entre otros. Una sistematización pertinente de dichos elementos la ofrece precisamente Escandell (1996), quien los clasifica en dos clases: los de naturaleza material o física; y los inmateriales o relacionales.
Antes de reflexionar en torno a cada uno de dichos elementos es importante reconocer que éstos determinan todos los tipos de interacción verbal, desde la conversación cotidiana (oral) hasta los discursos altamente estructurados (como el escrito). En nuestro caso, la redacción académica –tanto en su enseñanza como en su producción– debe servirse de la pragmática lingüística para lograr resultados positivos. Basta imaginar si efectivamente un estudiante toma en cuenta las características del contexto al momento de realizar una prueba o examen; o si además de concentrarse en lo que “escribe”, reflexiona sobre todos aquellas peculiaridades que rodean el “texto-examen” y que necesariamente lo determinan y condicionan.

III. Lo material en la interacción académica
Entre los llamados “componentes materiales” se encuentra en primer lugar el emisor. Derivado de la teoría de la información, este término se refiere en la perspectiva pragmática al sujeto que produce de manera intencionada una expresión lingüística. Para Escandell, es importante tomar en cuenta que dicho emisor, por ser un sujeto real, posee conocimientos, creencias y actitudes, y es capaz de establecer toda una red de relaciones con su entorno.
En el caso del evento comunicativo “examen”, como en cualquier clase de interacción verbal, el emisor puede intercambiarse con los otros participantes, es decir, puede ser el profesor, al momento de emitir las instrucciones y diseñar un tipo específico de cuestionario; y puede ser el estudiante, cuando escribe su texto o responde su prueba. En otras palabras, dicha dualidad discursiva nos explica la importancia de tener en cuenta el emisor de la expresión verbal en este tipo de evento, tanto en la perspectiva del docente como en la del estudiante. El control y la conciencia que se tenga de este rol determinarán la naturaleza de los intercambios y el éxito o no de la comunicación.
El segundo elemento a considerar es el destinatario. Según Escandell, éste es “la persona (o personas) a la(s) que emisor dirige su enunciado y con la(s) que normalmente suele intercambiar su papel en la comunicación de tipo dialogante”.
En el “texto-examen” es fundamental tomar en cuenta las características del destinatario de la expresión lingüística, es decir, cuáles son sus intenciones, sus propósitos y en qué medida el conocimiento compartido entre emisor y destinatario puede ser reconocido como común.
Tal como Escandell lo explica, la naturaleza del destinatario determina en gran medida la forma del mensaje. Por ello, es de gran importancia que el emisor no sólo se concentre en la redacción de un texto académico especialmente diseñado para un tipo ideal de profesor, sino que tome en cuenta las características específicas del docente que le está aplicando la prueba.
El tercer elemento material de la categorización de Escandell es el enunciado.

“Desde el punto de vista físico, un enunciado no es más que un estímulo, una modificación del entorno, sea el entorno auditivo (como en la comunicación oral), sea el entorno visual (como en la escrita). Frente a otros términos más generales como mensaje, que pueden designar cualquier tipo de información trasmitida por cualquier código, el término enunciado se usa específicamente para hacer referencia a un mensaje construido según un código lingüístico” (Escandell, 1996: 27).

En la lingüística contemporánea se emplea el término enunciado para indicar “una secuencia lingüística concreta, realizada por un emisor en una situación determinada”, en contraposición al uso en la investigación de la unidad oración, que era la que antes se tomaba en cuenta como la unidad mínima gramatical.

“Algunos investigadores han querido establecer un paralelismo entre oración y enunciado, y han sugerido que un enunciado es la realización concreta de una oración. Esta visión –aunque es claramente inadecuada- tiene, al menos, la ventaja de diferenciar con claridad entre oración (unidad abstracta, estructural, definida según criterios formales, y perteneciente al sistema de la gramática) y enunciado (actualización de una oración, unidad del discurso, emitida por un hablante concreto en una situación concreta), es decir, entre lo que pertenece al ámbito de la gramática y lo que atañe a la pragmática”. (Obra citada: 28)

Definidos los criterios para diferenciar el enunciado de otras formas de expresión verbal, debe precisarse cuáles son sus límites. Según Escandell, estos deben fijarlos la propia dinámica del discurso. Si analizamos el evento examen como un acto dialogal, notaremos que un primer enunciado es emitido por el profesor al ordenar la realización de la prueba. Desde esta perspectiva, el enunciado “texto-examen” del alumno es una “respuesta” que debe satisfacer las necesidades, los propósitos y las intenciones de quien emitió el primer enunciado.
El examen escrito por el estudiante debe ser tomado en cuenta como la materialización de un enunciado que responde a un estímulo primario emitido por el docente. A través de él, el alumno deberá demostrar sus conocimientos y actitudes ante el conocimiento, así como sus capacidades de satisfacer las necesidades del docente.
Volvemos así a algunas de las reflexiones recurrentes en este ejercicio: cuán conscientes son los participantes de la interacción “examen” de que éste es un evento comunicativo, en el cual alumnos y docentes -como interlocutores- intercambian enunciados con una intencionalidad y unos objetivos bien definidos.
El último de los componentes materiales de la pragmática, propuesto por Escandell, y que hay que tener en cuenta en para el análisis o la producción de enunciados exitosos es el entorno o situación espacio-temporal.
De gran influencia en el análisis del discurso, a partir de la etnografía de la comunicación y la antropología lingüística (Hymes, 1972; Gumperz, 1991; Kerbrat-Orecchioni, 1990), el contexto es considerado como uno de los factores más importantes que determinan la naturaleza (y éxito) de la interacción verbal.

“Es el soporte físico, el ‹‹decorado›› en el que se realiza la enunciación. Incluye como factores principales las coordenadas de lugar y tiempo. Pero representa algo más que un mero escenario. En muchos casos, como vimos en el capítulo anterior, la situación espacio-temporal es un factor determinante: las circunstancias que impoen el aquí y ahora influyen decisivamente en toda una serie de elecciones gramaticales y quedan reflejadas habitualmente en la misma forma del enunciado; y, a la vez, constituye uno de los pilares fundamentales para su interpretación” (Ob. Cit: 29)

Dell Hymes, uno de los fundadores de la etnografía de la comunicación, propuso sistematizar la comprensión de los eventos comunicativos a partir de la revisión de ocho elementos que, según su planteamiento, se dan en todas las interacciones verbales. Organizados en el acróstico speaking, Hymes clasificó los criterios para la caracterización de los intercambios verbales de la siguiente manera:
Situation (situación)
Participants (participantes)
Ends (finalidades)
Act sequences (secuencias de actos)
Key (claves)
Instrumentalities (instrumentos)
Norms (normas)
Genre (género)
(Hymes, 1972, en Tusón, 1997: 73-74)

En otras palabras, la escritura académica en un evento “examen”, como un intercambio comunicativo cualquiera, debe adaptar el texto a todos aquellos factores contextuales que rodean y de alguna forma determinan la expresión lingüística o enunciado “examen”. Ya hablamos de los participantes (emisor y destinatario), pero a esto hay que anexarle los elementos situacionales aportados por Hymes, como la situación (el estudiante debe conocer en qué consiste o cuál es la naturaleza de los exámenes, dónde se realizan, en qué momento, etc.); las finalidades (el evaluado debe recibir una orientación por parte del docente sobre el “para qué” y “por qué” se hace la prueba, si es un control de lectura, medición de conocimiento, evaluación de la cátedra y su metología, en otras palabras, cuál es la finalidad de la prueba); las secuencias de actos (es conveniente que el estudiante conozca cómo se estructuran y organizan los mensajes lingüísticos, así como tener plena conciencia de que el examen es un acto ilocutivo, es decir, “el evaluado hace algo con el texto que produce”); las claves (los alumnos en situación de examen deben saber y manejar el registro y el tono que debe textualizarse en su enunciado o examen, en este caso formal-académico); los intrumentos (ser conscientes de que el canal o medio es básicamente el discurso escrito, por lo que deben conocer o manejar diversos enfoques del proceso de la escritura); las normas (es recomendable que el evaluado siga las normativas propias del evento examen, en cuanto a formalidad, orden, atención, etc.); y género (muy importante en el ámbito académico, pues como dijimos al principio, uno de los principales problemas de los estudiantes es el desconocimiento de los tipos y clases de interacciones verbales y textos que debe producir o integrar en la universidad).

IV. Lo inmaterial en el evento examen
Para Escandell, “más significativos que los propios elementos son las relaciones que entre ellos se establecen”. A estos los denomina componentes relacionales, los cuales son de naturaleza inmaterial.
El primero de ellos es la información pragmática, la cual se entiende como “el conjunto de conocimientos, creencias, supuestos, opiniones y sentimientos de un individuo en un momento cualquiera de la interacción verbal” (Escandell, 1996: 31). Cuando interactuamos verbalmente activamos nuestros saberes socioculturales y nuestra experiencia previa para “rellenar” con ello aquellos vacíos que no son aportados por nuestro interlocutor. En relación directa con lo expuesto, Levinson (1983, en Calsamiglia y Tusón, 1999: 190) propone la existencia de una presuposición pragmática la cual es inferida por el receptor a partir de los factores contextuales de la interacción verbal (relación entre los participantes, situación, marcos cognitivos compartidos, etc.) y el conocimiento del mundo o saber enciclopédico de los participantes.
En la interacción académica, específicamente, existen también presuposiciones pragmáticas (el alumno está seguro de que el evaluador posee una serie de conocimientos previos, los cuales el primero debe activar estratégica y oportunamente en su texto), pero ello no se refiere únicamente al conocimiento a evaluar o evaluado, sino a todo el universo mental que rodea el evento: Universidad, educación, carrera, sistema de evaluación, asignatura, contenidos, condiciones de la prueba, valor de la misma, notas previas, etc.).
Escandell cita a Dik (1989) para enumerar los tres subcomponentes de la información pragmática: general (conocimiento del mundo); situacional (conocimiento derivado de la inteacción); y contextual (discursos precendentes ésta). Tanto estudiante como profesor, deben tener en cuenta estas tres dimensiones que condicionan la realización de una evaluación académica, pues no sólo el contenido de la asignatura es determinante para diseñar un texto o emitir un enunciado lingüístico, también influye en la presentación exitosa de un examen conocer toda la información contextual que relaciona a los interlocutores con su contexto y con sus propias intenciones.
Precisamente es la intención de los participantes el otro componente relacional que, según Escandell, debemos tomar en cuenta para analizar (o en nuestro caso considerar) para lograr una interacción académica. Todo ser humano que utiliza el lenguaje tiene la intención de hacer algo con lo que expresa. Beuagrande y Dressler (1972) incluyeron la intencionalidad como una de las siete condiciones que, a juicio de estos investigadores, debe cumplir todo texto para ser considerado como tal.

“Tanto la cohesión como la coherencia son nociones centradas en el texto que designan operaciones enfocadas hacia los materiales textuales. Además de éstas, se necesitan otro tipo de nociones centradas en el usuario que expliquen con mayor amplitud el funcionamiento de la actividad comunicativa en la que están implicados tanto los productores como los receptores de los textos. Un ejemplo de este tipo nociones es la tercera norma de la textualidad: la INTENCIONALIDAD. La intencionalidad se refiere a la actitud del productor textual: que una serie de secuencias oracionales constituya un texto cohesionado y coherente es una consecuencia del cumplimiento de las intenciones del productor (transmitir conocimiento o alcanzar una META específica dentro de un PLAN (Beaugrande y Dressler, 1997: 40)

Una perspectiva fundamental de la pragmática y que más se ha preocupado por las intenciones del productor textual es la que se conoce como la teoría de los actos de habla (Austin, 1962; Searle, 1964, 1969). El estudiante debe saber que el examen es un acto ilocutivo, es decir, una acción que se comete en relación directa a una intención predeterminada: demostrar mis conocimientos, pasar la materia, convecer al profesor de que estudie, entre otras expresiones, son las aportadas por los alumnos. Y es así, el alumno debe concientizar que “no se hace un examen”, sino más bien, se demuestra competencias y habilidades a través de una expresión lingüística o enunciado denominado examen, que es una tipología textual específica del ámbito académico.
Es legítimo que el estudiante conozca las intenciones del docente al momento de realizar una prueba escrita (examen, control de lectura, reporte, ensayo, etc.), para que así el primero pueda diseñar estratégicamente el texto. Asimismo, es importante que el alumno evaluado sea consciente de sus intenciones y sepa que éstas determinarán de manera directa el proceso de escritura.
Finalmente, el tercer y último tipo de componente que presenta Escandell es la relación social entre los interlocutores. Alumno y profesor, evaluado y evaluador, pertenecen a una misma organización societaria, la académica, lo cual determina directamente las interacciones o tipos de interacciones que se llevan a cabo. Si como advierte la autora, “el emisor construye su enunciado a la medida del destinatario”, ha de tomarse en cuenta la relación jerárquica existente el docente y su alumno. El primero debe adaptar su enunciado (sea cuestionario o instrucciones) al ámbito de entendimiento y capacidades del iniciado; y el segundo, está obligado a adecuar su expresión lingüística (examen) al profesor, alguien que tiene un conocimiento previo y amplio sobre lo que se evalúa y que, más que eso, debe observar con cuidado el proceso de aprendizaje del iniciado y no el producto final.

V. Conclusiones
Sabemos que muchos de los componentes de la pragmática aquí estudiados se refieren a tipos de interacciones verbales distintas a los que prototípicamente se dan en el ámbito académico. No obstante, los estudios universitarios son, en definitiva, una experiencia de vida, en la que no están excluidas los distintos tipos de comunicación humana, desde la “conversación cotidiana” hasta discursos altamente estructurados y controlados como las “clases magistrales”, en los cuales el uso del lenguaje es fundamental.
Sin embargo, la adaptación de la perspectiva de la pragmática lingüística a los procesos de aprendizaje y evaluación en los estudios universitarios (y otros, por supuesto), nos enseña que no basta el óptimo uso del lenguaje para tener éxito, pues existen todo un conjunto de factores extralingüísticos que determinan de manera directa los enunciados que emitimos en nuestras interacciones verbales, sean del tipo que sean. Sin duda, una noción que deben manejar los docentes para obtener mejores resultados de sus alumnos; y los estudiantes para lograr una vida universitaria más exitosa.

Antonio Núñez Aldazoro. Julio de 2001.-


Referencias
BEAUGRANDE, R. de y DRESSLER, W. (1972). Introducción a la lingüística del texto. Barcelona: Ariel, 1997
BERTUCELLI PAPI, M. (1993). ¿Qué es la pragmática? Barcelona: Paidós, 1996
CALSAMIGLIA, H. y TUSON A. (1999). Las cosas del decir. Manual de Análisis del Discurso. Barcelona: Ariel
ESCANDELL, M. (1999). Introducción a la pragmática. Barcelona: Ariel
TUSON, A. (1997). Análisis de la conversación. Barcelona: Ariel

Decir: Hacer (1987). Octavio Paz

Decir: Hacer (1987). Octavio Paz

a Roman Jakobson
1
Entre lo que veo y digo,
entre lo que digo y callo,
entre lo que callo y sueño,
entre lo que sueño y olvido,
la poesía
Se desliza
entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?

2
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en la página,
siembre palabras en los ojos.
Los ojos hablan,
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos,
tocar
el cuerpo de la idea.
Los ojos
se cierran,
las palabras se abren.

"Moscas" de Andrés Pereira

"Moscas" de Andrés Pereira

No sé por qué, pero todos están muy callados. Debe ser porque les gustó la comida que les preparé. Aunque no lo creo, porque todavía nadie ha tocado su plato. Siempre es lo mismo, lo que yo haga nunca le agrada a ninguno de ellos.
Ese silencio, silencio que no estoy acostumbrado a oír, me está ensordeciendo. No me deja pensar, me persigue. ¿Qué hace ese silencio aquí? Si estoy sentado en la mesa del comedor con mi familia y ellos siempre me están diciendo qué hacer. Siempre me están regañando. Debo hacer algo, mejor pongo algo de música para eliminar esa desagradable sensación y animar un poco el ambiente. Todos se ven tan tristes.
Hay tanto silencio. Con la mirada perdida en el infinito, me detengo al frente del equipo y me concentro sin querer oir ese sordo vacío que me abruma y atormenta. Pero al fin logro encender la radio.
La música nada hizo. Todo sigue igual. Le pregunto a mi madre si quiere bailar, pero ella no responde. Debe ser porque no ha terminado de comer. Pero me irrita pensar que ella me esté ignorando de nuevo. ¿Es que acaso se cree más que yo? Solamente porque tengo algunos problemitas. El doctor dice que me voy a curar en esa casa blanca grandota. Allí me siento bien. Yo estuve allí hace unos meses. Me gustó. Siempre repartían pastillas que relajan mucho. Se sentía rico.
¿Por qué ese eco en mis oídos otra vez? Si ya encendí la radio. Le imploré a mi hermana que me dijera algo, pero ni siquiera me miró. ¿Será que todavía está brava conmigo por burlarme de su silla? Yo sé que no debo burlarme de ella, porque tiene problemas en las piernas. Mi mamá me lo dijo. Pero yo sólo me meto con ella porque nunca me deja usar su silla. Sólo lo hace para molestarme, porque está celosa que yo si puedo correr y ella no. Lo que no saben, ni siquiera mi mamá, es que desde hace tiempo, cuando todos están durmiendo, yo agarro su silla y le aflojo un poco los tornillos. Un poco cada noche. Por eso se cayó la semana pasada. Creo que nadie ha sospechado de mí aún.
Ya terminé de comer, parece que nadie va a seguir comiendo. Mejor limpio de una vez la mesa y forro las camas de plástico, para que la sangre que fluye por sus cráneos no ensucie las almohadas, así como ya lo hizo la gotera que sale de la herida de la cabeza de mi padre. Ya está toda la alfombra empapada.
He sido poco precavido, debí poner una gasa en la boca a mi madre, ya que le cause una hemorragia interna cuando intentó defenderse. Esa hemorragia se exterioriza como sangre con bilis, es realmente repulsivo. Además, le corre el maquillaje. Debo limpiar todo. Ya estoy cansado de que las moscas merodeen la casa, me imagino que se sienten atraídas por el olor a sangre.

Junio de 2001.-

¿Los textos de autoayuda sirven para algo? Absolutamente para nada

¿Los textos de autoayuda sirven para algo? Absolutamente para nada

Hoy en día, los lectores se encuentran divididos en dos bandos: quienes leen textos de autoayuda y quienes leen textos normales. Al principio, tanto los primeros como los segundos fueron criados en un ambiente en el que leer era un acto normal, digamos natural. Es decir, en sus pequeñas manos, aún con las uñas llenas de plastilina verde, cayeron no por casualidad, los textos “Mis primeras letras”, “Angelito” y “Ya sé leer”, como lecturas primarias de la etapa escolar homónima. Luego, años más tarde, ambos descubrieron Cívica, Ciencias Sociales y otros libros que les indicaron las primeras estructuras rígidas de la sociedad. Ya en la adolescencia, los lectores –de los ahora sectores enfrentados– chocaron con los textos de Física, Química y Matemáticas, pero contaron con el consuelo de Castellano, Biología, Educación Artística y, en algunos casos, Filosofía.
Es en este preciso momento cuando comienza la escisión entre ambos grupos. Los hoy lectores de textos normales, entonces jóvenes inquietos, se maravillaron con la existencia de un tipo de literatura que podía reflejar y recrear la vida real, aun cuando algunos cuentos fueran llamados “fantásticos”. Es allí cuando arranca con desenfreno una fascinación especial por el relato, y los chicos y chicas comienzan a embriagarse no sólo con licor barato (anís, ron y vino pasita, en mi época) sino también con lecturas acordes a su imberbe rebeldía. Salgari, Stevenson, Wells, Melville y Verne son algunos de esos emocionantes repasos. Ya en la universidad, sin importar qué tipo de facultad o escuela, leer se convierte en una actividad más seria y, además de los textos académicos, estos jóvenes se acercan a nuevas experiencias lectoras, las cuales en esencia y papel resultan “transformadoras”, como Cortázar, García Márquez, Wolfe, Kafka, Hemingway, Arlt, Borges, Onetti, Joyce, Sábato, Benedetti, Poe, Wilde, Bukowski, Mutis, Kundera, Fuentes, Flaubert, Auster, etc., etc., etc. En otras palabras, a los 22 ó 25 años, estos muchachos han vivido cientos de vidas y han sufrido cientos de veces, pero también han muerto, resucitado, fracasado, triunfado, transmutado, incluso han sido asesinados y juzgados, pero con los nombres de Horacio Oliveira, Aureliano Buendía, Gregor Samsa, Juan Pablo Castel, Maqroll El Gaviero, Artemio Cruz, Erdosain, el pequeño Julius, entre otros.
En cambio, quienes ahora leen “ciegamente” textos de autoayuda (y valga la contradicción), no se ocuparon nunca de conocer la vida de cientos de personajes que estaban allí desde siempre para enseñarles a vivir.
Hoy, estos lectores se devanan los sesos para tomar la más mínima decisión, apelando a interrogantes como “¿qué tipo de ratón soy y por qué me han robado mi queso?”; “¿realmente seré el ombligo del universo y un centro de energía positiva?”; y “¿Dios mío, por qué dejé oxidar mi armadura?”.
Ahora comprendo al profesor de castellano, David Koifman, quien decía: “Chamos, no se lean un libro de autoayuda, por favor lean a Kundera y de verdad aprenderán”; y al librero Pablo Brassesco, quien asegura: “Jamás venderé ese tipo de libro; y mira que me lo han pedido”, refiriéndose a celebérrimo “¿Quién me ha robado mi queso?”.

Publicado en el Periódico Letras. Marzo de 2001